Las dos caras del fique

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La tradición de hacer costales tejidos de fique en Santander está perdiendo terreno como una forma de sustento viable para los campesinos de la región. / Fotos: Caity Peterson (CCAFS)
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Mientras en Piedra Gorda, municipio de Santander en Colombia, los cambios repentinos de clima tienen a sus habitantes pesimistas por el futuro de sus cultivos, sus vecinos de Macaregua han encontrado una salvación en el turismo.

La casa en Piedra Gorda es como el taller de Aracne, la gran tejedora de la mitología griega. Cada miembro de la familia se dedica a alguna parte del proceso de tejido: peinar los enredos de las fibras frescas, hacer girar la cadena, enrollar las lanzaderas o manejar el propio telar gigante. Los pies del que opera el telar pedalean hacia arriba y hacia abajo, y su piel se cubre con pequeñas fibras sueltas que vuelan en el aire.

El cultivo y procesamiento de fique o fibra de sisal ha sido una forma de vida en Piedra Gorda (Santander) durante cientos de años. Hasta allí llegaron los investigadores de Bioversity International y del Programa de Investigación de CGIAR sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS), para identificar fuentes de vulnerabilidad de la población a los impactos del cambio climático.

Además querían evaluar las barreras que hay en esta comunidad para la adopción de una “agricultura climáticamente inteligente” que promueva la adaptación al cambio climático, la mitigación y la seguridad alimentaria a partir de la simple diversificación de los mecanismos de sustento.

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