¿Son las prácticas de agricultura sostenible adaptada al clima económicamente deseables?

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Productores del TeSAC Trifinio, en Guatemala. CCAFS y CATIE realizaron un análisis beneficio-costo de 15 prácticas agropecuarias en la región Trifinio y el departamento de Matagalpa, en Nicaragua. Foto: JL Urrea (CCAFS)
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déc 12, 2016

par

Jorge Sellare (CATIE)

El análisis económico, junto a la evaluación de las prácticas bajo los tres pilares ASAC, sirven como valioso insumo para orientar las inversiones que buscan ayudar a las familias de pequeños productores a adaptarse al cambio climático.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, serán necesarios entre 140 y 300 mil millones de dólares por año hasta 2030 para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático[1]. Esas cifras representan un gran reto para la comunidad internacional y, principalmente, para los países más vulnerables a los efectos del cambio climático que también enfrentan graves problemas socioeconómicos.

Dada la importancia de dichos países como proveedores en el sistema global de producción de alimentos y su dependencia económica de productos agropecuarios primarios, es fundamental contar con evidencia sobre los costos y los beneficios de las diversas medidas de adaptación al cambio climático. De esta manera, los tomadores de decisión podrían dirigir las inversiones a las medidas de adaptación y mitigación más promisorias, buscando los mejores resultados por cada dólar invertido.

En el marco del estudio “Priorización de inversiones en Agricultura Sostenible Adaptada al Clima (ASAC) en los territorios de incidencia de MAP y de CCAFS”, el Centro Agronómico Tropical de Investigacion y Enseñanza (CATIE) por medio del Programa Agroambiental Mesoamericano (MAP) y el Programa de Investigacion del CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS) han realizado un completo análisis beneficio-costo (B/C) de 15 prácticas agropecuarias en la Región del Trifinio (que corresponde a los países de Guatemala, Honduras y El Salvador) y en el departamento de Matagalpa, en Nicaragua. Dichas prácticas habían sido priorizadas previamente, como resultado de una evaluación cualitativa usando indicadores que permitieron medir su contribución a los tres pilares de la agricultura sostenible adaptada al clima (ASAC)[2]. El análisis económico completó la evaluación de las prácticas.

Sistemas Prácticas
Sistemas agroforestales de cacao y café Diseño y establecimiento de sistemas agroforestales
Manejo de árboles
Manejo de tejidos (poda de cultivos perenes)
 
Manejo de plagas y enfermedades en café
Nutrición de cultivos perenes
Huertos caseros / patios Alimentación de aves
Árboles frutales
Siembra y manejo de cultivos de ramadas
Granos básicos
(maíz y fríjol)
Labranza mínima
Leguminosas con maíz
Selección de semillas
No quema y manejo de rastrojos
Pasturas Pastos de corte
Sistemas rotacionales
Pasturas mejoradas

Tabla 1. Lista de prácticas evaluadas.

Para el análisis económico se siguió una aplicación estándar de la metodología de análisis beneficio-costo, pero adaptada a estudios con enfoque ASAC[3]. Se contrastó la situación actual – o status quo – frente a un escenario de implementación de cada una de las 15 prácticas, identificando y cuantificando las implicaciones económicas y ambientales de su implementación. Para eso, se consideraron los cambios en los costos y los ingresos, así como sobre la protección de la biodiversidad y la captura de carbono. Seguidamente, se estimó el flujo anual de beneficios netos con los indicadores de rentabilidad económica (y finalmente, se realizó un análisis de sensibilidad para reportar el impacto agregado, que toma en cuenta los resultados de los análisis anteriores.

Figura 1. Etapas del análisis beneficio-costo

Figura 1: Etapas del análisis beneficio-costo .[4]

Los resultados del estudio muestran que aun cuando la mayoría de las prácticas ASAC tiene un costo de inversión mayor que las de status quo, éstos son compensados por una serie de beneficios que se derivan de la diversificación productiva. Entre los principales beneficios están los ingresos adicionales generados por los nuevos productos, mayor resiliencia ante impactos económicos negativos (como por ejemplo caída de precios) y mayor disponibilidad de alimentos para la familia. Adicionalmente, muchas de las prácticas ASAC también generan beneficios ambientales, como por ejemplo, protección de la biodiversidad, disminución de la erosión del suelo y captura de carbono.

El análisis económico muestra que en todos los casos la relación beneficio-costo de implementar las prácticas ASAC es siempre mayor a 1, es decir los beneficios superan los costos. Las prácticas asociadas al sistema de granos básicos, por ejemplo, en Nicaragua incrementan su relación beneficio-costo de 1,67 a 1,85, al incorporar la práctica de selección de semillas con respecto al status quo. Con relación a la rentabilidad de las diferentes prácticas, el cultivo de ramadas en patios es la más rentable tanto en Nicaragua como en Trifinio con tasas internas de retorno (TIR) de 178% y 141% respectivamente. Por su parte, las prácticas asociadas a la ganadería son las que tienen los indicadores económicos menos atractivos, principalmente en Nicaragua, donde la relación beneficio-costo es prácticamente 1, lo que significa que no hay beneficios significativos con la implementación de la práctica en términos económicos.

Jaime Echeverría, consultor responsable por el estudio, explica que prácticas como pastos de corte, por ejemplo, aunque tienen buen flujo de caja, requieren inversiones muy altas que podrían no estar al alcance de muchos pequeños productores y puede ser una de las razones de su poco nivel de adopción, a pesar de que sido muy promovida.

Los autores del estudio concluyen que desde un punto de vista económico, la adopción de las prácticas ASAC que fueron evaluadas es justificable, principalmente las prácticas relacionadas a los patios/huertos caseros, las cuales resultaron particularmente rentables y con una baja inversión inicial. La valoración del impacto de las prácticas ASAC en la captura de carbono y en la conservación de la biodiversidad muestra que esas prácticas tienen un gran potencial de generar ingresos adicionales en el caso que se estableciera un programa de pago por servicios ecosistémicos. Además, dado que las prácticas ASAC están diseñadas desde un principio para proveer mayor adaptación y mitigación al cambio climático, cuando se consideran esos componentes vemos que los beneficios generados por la adopción son aún mayores. El análisis económico, junto a la evaluación de las prácticas bajo los tres pilares de la ASAC, sirven como valioso insumo para orientar las inversiones que buscan ayudar a las familias de pequeños productores a adaptarse al cambio climático.


[1] UNEP. 2016. The Adaptation Finance Gap Report 2016. United Nations Environment Programme (UNEP), Nairobi, Kenya.

[2] Tanto la agricultura sostenible adaptada al clima (ASAC) como la agricultura climáticamente inteligente (ACI) son traducciones término climate-smart agriculture (CSA), promocionado por la FAO. Conozca más: http://bit.ly/ASAC-ACI.

[3] Sain, G.; Loboguerrero, A. M.; Corner-Dolloff, C.; Lizarazo, M.; Nowak, A.; Martínez-Barón, D.; Andrieu, N. 2016. Costs and benefits of climate-smart agriculture: The case of the dry corridor in Guatemala. Agricultural Systems.

[4] Sain, Gustavo. 2015. Metodología para la Evaluación de la Rentabilidad de Introducir Tecnologías ASAC en el Sistema de Producción Agropecuario. Reporte preparado para CIAT.